Cata de vinos.¿Existe el chacolí?

Sin duda. Es abrumadora la cantidad de documentos que así lo atestiguan. Pero la prueba más fehaciente está en la memoria colectiva y en los restos de lagares y viñas en Mena y Tobalina, en parte de La Bureba, en Miranda de Ebro y su entorno. Los chacolineros y el chacolí siguen vivos en la cultura popular y en poblaciones donde se conservan unas pocas cepas con las que los nietos de aquellos viticultores siguen la tradición elaborando para su consumo.

El consumidor y el aficionado al mundo del vino se pregunta en estos últimos meses varias cuestiones. Todo ello por la popularidad que ha despertado el chacolí, al ser objeto de la polémica sobre la reivindicación de las instituciones vascas que defienden la utilización de la palabra chacolí sólo para sus denominaciones de origen. Por ello, como fórmula para entender la situación, aportamos respuestas a varias preguntas.

¿Existe hoy el chacolí en Burgos? El chacolí del pasado, no. Como tampoco existe el vino que se hacía en Cigales, Rueda, Toro o Arlanza hace 30 años. Sí existe un vino de uvas blancas de poca graduación y acidez muy viva que elaboran los nietos de aquellos viejos chacolineros en pequeñas partidas, para consumo familiar. Es posible que la producción actual de estos cosecheros no sobrepase las 6.000 botellas de vidrio con corcho, junto a otro tanto a granel. En cuanto a las viñas, no pasan de 10 hectáreas sumando cepa a cepa los majuelos registrados y dispersos por la geografía rural burgalesa.

¿Tiene futuro la elaboración de vino en el viejo solar del mapa chacolinero del norte de Burgos? Sí, si los viticultores y elaboradores -dentro de producciones mínimas y de corte familiar- aplican criterios de calidad en prácticas culturales y enológicas. Y si normalizan la situación del viñedo y de la empresa.

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